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Elmer Flores: la tinta transferida a los rincones de la conciencia.


Héctor Hernández

Las conjeturas habituales y el lamento por las carencias, es un mal endémico en muchas profesiones, claro el arte no es la excepción.

Cuando nos referimos al grabado pocos comentarios positivos nos afloran y la famosa frase “que nadie lo quiere”, es decir, el poco o nulo interés de este medio artístico y sus procesos. Y eso que es de las acciones expresivas más antiguas que la humanidad conoce y que aún nuestras culturas mesoamericanas practicaron y desarrollaron dejando hermosas muestras de dicho arte.

Como en todas las cosas, nos encontramos con defensores de estas manifestaciones, esto nos permitirá que dichas recreaciones permanezcan y que se vuelvan parte de la cotidianidad para disfrutarlas y que nos dejen la lección que manifiesta el artista.

Es el caso de Elmer Flores, artista del grabado que a partir de su encuentro en el taller de Roberto Melara, que le explica los detalles técnicos y los secretos del oficio, le lleva a realizar una serie de trabajos con la marca aún presente del taller o de la manera tradicional de grabar.
Pero el sentimiento que está floreciendo en Elmer es el espíritu de los artistas. Los que están cambiando, innovando y transformando su entorno, pues es de las misiones encomendada a éstos.

Su proceso antepone un reto: el hacer un giro y comienza a buscar las placas en los sitios menos inimaginables, las piezas para sus placas están ahí tiradas como basura, luego recuperadas, acondicionadas, talladas, diseñadas, entintadas, luego impresas para dar sentido a una obra de arte, el grabado en xilografía o grabar sobre madera.

De la madera, Elmer nos refiere a ese trajinar desde la semilla que logra una planta, el crecer del árbol, su vida y utilidad, y luego convertido en piezas para diversos usos que él logra en algún momento de esa cadena inapelable que siguen las cosas: de la vida vegetal al arte como vida.

Otro valor agregado a este artista es su preocupación por la difusión y explicación del porqué el grabado y sus posibilidades y la importancia que tiene en su relación con lo popular y su acción como múltiple y multiplicador de la imagen y del contenido.

Su encuentro con el “Colectivo Urbano” le propone una relación más funcional en lo conceptual y la discusión acerca de la ciudad como concurrencia de la dinámica más heterogénea de cualquier país, donde cada transeúnte discurre una vivencia asolapada, prolongada o endémica. De ahí las imágenes que talla en sus placas de madera, personajes que se trazan en los rincones, cómplices del basurero, de la movida, del transe, seres que están reproduciéndose y perviviendo en las urbes.

Hay en la obra de Elmer una respuesta de cronista, pues está grabando un inventario de hechos y sucesos con actores que se diluyen en los callejones del Calvario, el barrio Zurita y otros más, para que nosotros elaboremos nuestro discurso y concluyamos lo propio.

 

 

 

 

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