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Elmer Flores: la tinta transferida a los rincones de la conciencia.
Héctor Hernández Las conjeturas habituales y el lamento por las carencias, es un mal endémico en muchas profesiones, claro el arte no es la excepción. Cuando nos referimos al grabado pocos comentarios positivos nos afloran y la famosa frase “que nadie lo quiere”, es decir, el poco o nulo interés de este medio artístico y sus procesos. Y eso que es de las acciones expresivas más antiguas que la humanidad conoce y que aún nuestras culturas mesoamericanas practicaron y desarrollaron dejando hermosas muestras de dicho arte. Como en todas las cosas, nos encontramos con defensores de estas manifestaciones, esto nos permitirá que dichas recreaciones permanezcan y que se vuelvan parte de la cotidianidad para disfrutarlas y que nos dejen la lección que manifiesta el artista. De la madera, Elmer nos refiere a ese trajinar desde la semilla que logra una planta, el crecer del árbol, su vida y utilidad, y luego convertido en piezas para diversos usos que él logra en algún momento de esa cadena inapelable que siguen las cosas: de la vida vegetal al arte como vida. Otro valor agregado a este artista es su preocupación por la difusión y explicación del porqué el grabado y sus posibilidades y la importancia que tiene en su relación con lo popular y su acción como múltiple y multiplicador de la imagen y del contenido. Su encuentro con el “Colectivo Urbano” le propone una relación más funcional en lo conceptual y la discusión acerca de la ciudad como concurrencia de la dinámica más heterogénea de cualquier país, donde cada transeúnte discurre una vivencia asolapada, prolongada o endémica. De ahí las imágenes que talla en sus placas de madera, personajes que se trazan en los rincones, cómplices del basurero, de la movida, del transe, seres que están reproduciéndose y perviviendo en las urbes. Hay en la obra de Elmer una respuesta de cronista, pues está grabando un inventario de hechos y sucesos con actores que se diluyen en los callejones del Calvario, el barrio Zurita y otros más, para que nosotros elaboremos nuestro discurso y concluyamos lo propio.
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